Si quieres formatear ordenador desde arranque, la forma correcta es preparar un USB de instalación de Windows y seguir una secuencia limpia de copia de seguridad, arranque y reinstalación. Así evitas depender de un sistema dañado, eliminas errores acumulados y dejas el equipo listo para volver a trabajar con una base sólida. En 2026, además, yo enfocaría este proceso pensando sobre todo en Windows 11.
Lo importante no es solo borrar el disco: también hay que saber cuándo conviene hacerlo, qué medio usar, cómo entrar en UEFI o BIOS y qué particiones tocar. Si haces eso bien, el proceso es más simple de lo que parece.
Lo esencial antes de tocar el disco
- Haz copia de seguridad de tus archivos y guarda la clave de recuperación de BitLocker si el equipo la usa.
- El método más fiable para una instalación limpia es un USB booteable creado con la herramienta oficial de Microsoft.
- Un pendrive de 8 GB puede bastar, pero 16 GB da margen y evita errores por espacio.
- Si Windows todavía arranca, a veces basta con Restablecer este PC; si no arranca, necesitas iniciar desde el USB.
- La instalación suele llevar 20 a 45 minutos, aunque las actualizaciones y controladores pueden alargarlo.
- En 2026, Windows 11 es la opción lógica; Windows 10 ya no tiene soporte general desde el 14 de octubre de 2025.
Qué método te conviene realmente
Antes de borrar nada, yo separo siempre el problema en tres escenarios. No es lo mismo un portátil que arranca pero va lento, que un PC que se queda en bucle, que una máquina que directamente no carga el sistema. Según Microsoft, si el equipo no responde a opciones de recuperación como Reparación de inicio o Restaurar sistema, el soporte de instalación USB permite reinstalar Windows por completo.| Escenario | Método más sensato | Qué ganas | Qué pierdes |
|---|---|---|---|
| Windows arranca, pero va mal | Restablecer este PC | Más rapidez y menos pasos | No siempre deja el sistema tan limpio como una instalación desde cero |
| Windows no arranca o está corrupto | USB de instalación y arranque externo | Puedes reinstalar aunque el sistema esté roto | Necesitas preparar el medio y tocar particiones con cuidado |
| Quieres empezar de cero de verdad | Instalación limpia desde USB | Eliminas restos, errores y software sobrante | Hay que rehacer configuración, controladores y apps |
Mi criterio es simple: si el problema es leve, no me complico; si el sistema ya está inestable o contaminado, prefiero una instalación limpia. Esa diferencia marca el resto del proceso, así que conviene decidirla antes de conectar el pendrive.
Qué necesitas antes de empezar
La parte menos glamourosa es la que más sustos evita. Una reinstalación sale bien cuando llegas con todo preparado, no cuando improvisas a mitad de proceso. Yo revisaría esto antes de apagar el equipo:
- Copia de seguridad externa de documentos, fotos, descargas importantes, licencias y proyectos.
- Clave de BitLocker, si el disco está cifrado. BitLocker es el cifrado de Windows que protege el contenido del disco y puede pedir una clave de recuperación después de ciertos cambios de arranque.
- Pendrive de 8 GB mínimo; 16 GB es más cómodo y te evita ir justo de espacio.
- Otro ordenador con Internet, por si tienes que descargar de nuevo la herramienta de instalación o un controlador.
- Conexión estable, porque el instalador y las actualizaciones posteriores dependen de ello.
- Controladores básicos a mano, sobre todo red y chipset, si sospechas que el equipo puede quedarse sin Wi-Fi al terminar.
Si todavía puedes entrar en Windows, también suelo suspender temporalmente BitLocker antes de apagar el equipo. No es obligatorio en todos los casos, pero evita una recuperación innecesaria justo cuando menos te interesa. Con eso listo, ya puedes crear el USB con calma.
Cómo crear el USB de instalación de Windows
Microsoft indica que la Media Creation Tool descarga la versión actual de Windows y prepara el soporte de instalación de forma guiada. Es la vía más limpia si quieres un USB booteable sin pelearte con configuraciones raras. Para la mayoría de usuarios en España, esta es la opción que mejor equilibrio ofrece entre rapidez y fiabilidad.
- Descarga la herramienta oficial de creación de medios para Windows.
- Ejecuta el archivo y acepta los permisos necesarios.
- Elige crear medio de instalación para otro PC.
- Selecciona idioma, edición y arquitectura. En equipos actuales, 64 bits es lo normal.
- Marca unidad flash USB como destino.
- Elige el pendrive correcto y espera a que termine la copia.
Yo recomiendo no usar el pendrive para nada más durante este proceso. Si tiene archivos, haz copia y déjalo vacío. Y si vas a reinstalar un equipo reciente, me quedaría con Windows 11 salvo que tengas una necesidad muy concreta de otra versión; Windows 10 ya no tiene soporte general desde octubre de 2025.
Cómo arrancar el ordenador desde el USB

Una vez creado el soporte, llega la parte que más dudas genera: hacer que el equipo arranque desde el pendrive y no desde el disco interno. Aquí manda la UEFI, que es el firmware moderno que decide desde qué dispositivo inicia el ordenador. En un PC actual, lo normal es que todo se resuelva en pocos segundos si eliges bien el menú de arranque.
- Conecta el USB al equipo y apágalo por completo.
- Enciéndelo y pulsa la tecla del menú de arranque varias veces. Suele ser F12, F11, Esc o Del, según el fabricante.
- Elige la entrada que aparezca como USB o UEFI: nombre del pendrive.
- Si no sale el menú, entra en la UEFI o BIOS y coloca el USB por delante del disco interno en el orden de arranque.
- En algunos equipos, también puedes llegar desde Windows a Configuración > Sistema > Recuperación > Inicio avanzado > Reiniciar ahora y luego seleccionar Usar un dispositivo.
Si el pendrive no aparece, no me precipitaría a tocar media configuración. Primero reviso que esté bien creado, que lo haya puesto en un puerto USB directo y que el equipo esté en modo UEFI normal. Solo si eso falla miro opciones más delicadas como Secure Boot o el modo de compatibilidad, porque ahí es fácil complicarse sin necesidad.
Cómo hacer la instalación limpia sin perder el control
Cuando el instalador arranca, el objetivo ya no es técnico sino operativo: elegir bien qué borrar y qué conservar. Aquí es donde más gente se equivoca por ir con prisa. Una instalación limpia no consiste en eliminar todo sin mirar, sino en identificar el disco del sistema y actuar sobre él con criterio.
- Selecciona idioma, formato regional y teclado.
- Haz clic en Instalar ahora.
- Si te pide clave, introduce la licencia; si no la tienes a mano, suele haber una opción para continuar y activarlo después.
- Elige la edición que coincida con tu licencia o con la que venía preinstalada.
- Selecciona instalación personalizada o solo Windows, no la actualización.
- Revisa las particiones del disco principal y borra solo las que correspondan al sistema si quieres una limpieza total.
- Deja el espacio como no asignado y pulsa Siguiente.
- Espera a que copie archivos, reinicie y continúe.
Mi consejo práctico es este: si tienes varios discos, no toques el que guarda datos que quieras conservar. Si hace falta, desconecta físicamente el segundo disco antes de empezar. Es una medida simple, pero evita el error más caro de todos: borrar el volumen equivocado.
Lee también: Windows 11 vs. Windows 10 - ¿Cuál es la mejor opción hoy?
Qué particiones suelo borrar y cuáles no
Si el equipo solo tiene un disco y quieres dejarlo limpio, normalmente elimino las particiones del sistema que Windows crea durante la instalación anterior. Eso deja el disco como espacio sin asignar y permite que el instalador rehaga la estructura correcta. En cambio, si hay una partición de datos que sabes que necesitas, no la toco.
Cuando no hay certeza absoluta sobre qué partición es cuál, paro. A veces es mejor perder diez minutos comprobando que arriesgarse a borrar una biblioteca entera de fotos o un proyecto de trabajo.
Los fallos que más veo y cómo evitarlos
La mayoría de problemas en un formateo desde USB no vienen del instalador, sino de pequeños detalles previos. Estos son los que más me encuentro:
| Problema | Qué suele pasar | Cómo lo corrijo |
|---|---|---|
| El USB no arranca | El equipo sigue entrando en Windows o muestra error de arranque | Revisar el menú de arranque, probar otro puerto y recrear el USB con la herramienta oficial |
| El instalador pide clave de recuperación | BitLocker detecta un cambio en el arranque | Usar la clave correcta o suspender BitLocker antes de empezar la instalación |
| El SSD no aparece | El instalador no ve el disco interno | Comprobar el modo de almacenamiento en UEFI, o cargar el controlador adecuado si el equipo usa VMD, RAID o un modo similar |
| La instalación se queda en bucle | El PC vuelve a arrancar desde el USB una y otra vez | Retirar el pendrive cuando termine la copia inicial o cambiar el orden de arranque |
| Faltan Wi-Fi o red al terminar | No puedes conectarte para actualizar | Tener descargado el controlador de red del fabricante antes de reinstalar |
Si tengo que resumirlo en una sola idea, diría que casi todos los fallos se evitan con dos hábitos: leer con calma lo que el instalador pregunta y no borrar nada que no identifiques con seguridad. Parece obvio, pero ahí se decide casi todo.
Lo que haría nada más terminar Windows
La reinstalación no termina cuando aparece el escritorio. Yo siempre dedico un rato a dejar el sistema bien rematado, porque ahí se nota si el trabajo anterior mereció la pena.
- Ejecutaría Windows Update hasta que no queden actualizaciones pendientes.
- Instalaría primero chipset, red y gráficos desde la web del fabricante del equipo si hace falta.
- Volvería a activar BitLocker si lo usabas antes.
- Restauraría la copia de seguridad por carpetas, no de golpe, para comprobar que todo está en su sitio.
- Reconectaría impresoras, hubs domóticos, cámaras o accesorios solo después de confirmar que el sistema va fino.
- Crearía una nota con la tecla del menú de arranque y, si me interesa, una unidad de recuperación para no repetir el proceso desde cero la próxima vez.
Si el equipo arrancaba mal pero todavía era usable, yo no me precipitaría con una instalación limpia salvo que el problema fuera serio. Pero si el sistema ya estaba roto, el USB de arranque sigue siendo la vía más limpia y previsible para devolver Windows a un estado estable, y eso, en la práctica, ahorra más tiempo del que parece.